Autor: César Camacho
Tema: Prospectiva
Año: 2016
Hablar de economía no es igual para todos, al
parecer existe un orden mundial, decidido a priori, en el cual cada quien la
vive según su propio estatus. Para quien tiene por costumbre mantener un carro,
dos colegiaturas y cinco tarjetas de crédito, las finanzas funcionan distinto
comparado con quien vive el día, forjando a pie el sustento del momento. No sé
bien la razón, pero soy fan de aprender andando, así como me enseñó la
geografía: se sabe del camino al andar. Como es cultura en mi país, cuando
paras a refrescarte en algún lugar de la ruta, son muchas las cosas que puedes
ver, tanto para mal como para bien. Recuerdo los relatos de un colega que juró
haber aprendido inglés frecuentando los bares de Boston, Massachusetts, aquí
aplica lo mismo. Cuando se trata de tragos, puedes terminar compartiendo tanto
con un obrero como con un ingeniero y ya muchas veces me había tocado
situaciones tan diversas como interesantes. Aquel día compartí una negrita con un comerciante informal, un
vendedor de helados.
– ¡Qué calor hace! – Me
dice el vendedor.
– Bastante, quería
revisar los cables al motor, pero entre el calor del carro y la pepa de sol me hicieron correr al toldo –
le contesto con modorra.
– ¡Que diré yo
hermano! Estoy desde las nueve recorriendo el barrio vendiendo, ¡lo bueno es
que me contrataron pa´ una fiesta a
las cinco en Turmero!
– ¿A las cinco en
Turmero?, pero ya son las tres, ¿cómo le haces para llevar la máquina hasta
allá?– le pregunto un poco incrédulo, porque de El Samán a Turmero hay más de
cuatro kilómetros.
– A patica hermano, poco a poco a las cinco estoy
allá – me dice mientras empina su botella para dejarla sobre la reja y aprestarse
para seguir.
Desde aquel toldo en una esquina de mi
barrio, lo veo alejarse en busca de su camino, no hay quien pueda dudar de la fortaleza
de un venezolano cuando sale a ganarse el día, siempre con esa pasión que nos
motiva a seguir adelante. No importa cuántos kilómetros haya que recorrer, hay
que jugárselo todo cada día, con una visión de presente que no trasciende, porque
el presente es lo que puedes hacer ahora, no lo que crees que puedas hacer
después. La prospectiva se construye con el trabajo del día a día, no hay forma
de alcanzar el futuro sin recorrer esos kilómetros.
