Sección:
Opinión
Autor: C.Camacho
Título: Por una nueva oportunidad
Año: 2020
Ya
he rescatado en otras oportunidades, cómo la teoría geográfica se
divide en dos grandes corrientes; a saber, determinismo y
posibilismo. Habiendo sentado las bases para la discusión, ya que el
dilema del que hacer geográfico suele ir más allá de simplemente
adoptar una corriente u otra, juguemos un poco a analizar el tema
coronavirus, dejando espacio, por supuesto, para toda impresión u
opinión suscitada en el intermedio. A ver, hablamos de un virus, un
agente microscópico con la capacidad de asimilarse, adaptarse o
mutar; dicho agente, bien pudiéramos decir, pudo ser tanto un
producto determinista de la naturaleza no-humana, cómo también, un
producto posibilista o de la acción antrópica (humana). Partiendo
del principio filosófico de Pascal en el cual el hombre (ser humano)
“es el punto intermedio entre la nada y el todo”, es posible
captar cómo éste, sumergido en su propio ego, se olvida a sí mismo
como ése algo “suspendido” entre las dos mayores incógnitas de
su existencia: las complejidades de lo infinitamente grande y lo
infinitamente pequeño. Si bien ya es debate común, el superfluo
arte de anteponer la riqueza material a las leyes de un cosmos aún
desconocido en su aspecto macro, es poco frecuente el percatarse de
su ignorancia ante lo micro; es decir, en lugar de jugar a comprender
la cadena infinta de contención que abarca el universo, poco se
juega a comprender lo pequeño, de donde, tal cual David contra
Goliat, de la noche a la mañana, y de un plumazo, un pequeño virus
puede acabar con los miles de años de evolución de una especie.
Hallar el porqué de un Covid-19, nos puede pasear por un amplio
número de razones deterministas, tales como: que surgió como una
forma para el planeta depurar el crimen ecológico que hacemos con
él, o, simplemente, porque está establecido que lo micro ha sido
creado para dominar a lo macro (Como lo ambientó H.G.Wells hace más
de 120 años). Asimismo, en contraposición, surgirían razones
posibilistas que varían desde un accidente tecnológico hasta un
arma biológica, pasando por la cultura de mantener animales vivos
para su venta y consumo. De cualquier modo, si lo analizamos más de
cerca, las razones determinista y posibilista terminan, en éste
caso, mordiéndose la cola, tal cual el dilema del huevo y la
gallina; sería válido decir tanto que el ser humano ha sido
programado por la naturaleza para autoflagelarse, cómo que éste se
hace así mismo capaz aprendiendo de sus propios artificios. De allí
que la amplitud del discurso está en aceptar que la amenaza existe,
y que debe ser considerada tanto como un flagelo como una
oportunidad; sí, una oportunidad para superarnos a nosotros mismos
como raza capaz de cohabitar, en un mismo planeta, con los mismos
elementos con potencial para destruirnos. Es la oportunidad de
entender, que no hay indicios de que alguien vaya a venir a salvarnos
de nuestro destino, y de que se trata a fin de cuentas de escribir
una nueva historia, una de verdad justa. Es la oportunidad de
entender que el cosmos no sabe de fronteras, razones políticas o
acciones en la bolsa; es el momento de crear protocolos que nos
ayuden, no a perpetuarnos, ni a hacer de nosotros seres superiores,
no, se trata de estándares morales que nos ayuden a comprender que
somos parte de un todo y de que sólo juntos podremos lograrlo.
Anailil
16-03-2020