“El amor es siempre paciente y amable. Nunca es celoso. El amor nunca es jactancioso o presumido. Nunca es descortés o egoísta. No es ofensivo y no es resentido. El amor no toma placer de los pecados de las otras personas, pero se deleita de la verdad. Está siempre listo para perdonar, para confiar, para creer, para esperar, y para soportar lo que tenga que venir” Pasaje Bíblico versión de Nicholas Sparks.

Atardecer en Camoruco, Estado Aragua, Venezuela

Atardecer en Camoruco, Estado Aragua, Venezuela
Autor: C. Camacho 2009

jueves, 26 de marzo de 2020

Horizonte 0146 Saber

Sección: Poesía
Autor:     César Camacho 
Título:     Saber 
Año:        2020 
Saber 

Ya el sol se oculta más tarde, la primavera hizo su aparición un par de días atrás; por la ventana, los últimos destellos del ocaso tiñen de malva las incipientes hojas que en los árboles de la calle ya comienzan a aparecer. Cansada, deja caer la tapa del ordenador mientras echa a un lado el plato aún grasiento de la comida del día; no sin parsimonia pero con decisión, se incorpora para dirigirse al lavabo y tomar una ducha, la noche apenas comienza y ya el uniforme cuelga a destajo listo para otro turno combatiendo al “bicho”. A tientas, busca las llaves del piso apartando con calma una portada que se deja leer: “Enfermería”; va a tiempo, hoy es su segundo día como estudiante convocada a la faena; lleva el cansancio de una noche, la primera de muchas que vendrán. Guerrera en prosa de una civilización que desde siempre ha visto amenazada su existencia; de oráculos, chamanes, curanderos, alquimistas y filósofos que la precedieron como profesional en su afán por instruirse para salvar a otros. Sujeto de falsos preceptos que confunden su rol por prestigio o complacencia política, profesando en su nombre argumentos sin moral y razón científica; mensajera de la bondad sin carencia, cultiva el valor de la ética y la academia sin menoscabo de la experiencia. “...colapso”, fue la última frase del titular móvil al pie del pequeño monitor de televisión; el bus, casi vacío, enciende las luces intermitentes al aproximarse a la siguiente parada al tiempo que un pantalón azul suelto y de bota ancha se pone en pie para bajar a la calzada; el aire sopla desde el mar arremolinando el cabello sobre la frente, mientras ella, mochila al hombro, se deslumbra con los primeros focos de la sala de emergencias; decidida en su deber, entra al pórtico segura de saber, lo que hay que hacer. 

Anailil 26-03-2020

lunes, 23 de marzo de 2020

Horizonte 0145 Moreneta

Sección: Caminos de inmigrante
Autor:     César Camacho
Título:     Moreneta
Año:       2020

Mis primeros recorridos por Cataluña, me han llevado a los clásicos del turismo local ofertado en postales de todo el mundo. No por menos, muchos de sus rincones pasan por la clásica foto colgada en las redes sociales, sin reflexionar sobre esa “otra historia” subyacente que me gusta buscar. Siempre adepto a la naturaleza y la experiencia rural, agendo entre mi horario de sobreviviente la lógica excursión al Monasterio de Montserrat, ubicado cerca de la población de Manresa a una hora de la bulliciosa, cosmopolita y fascinante Barcelona. Quería hacer turismo a mi manera, así que opté por vivir la experiencia de subir el macizo a pie, a la usanza de quienes en su fervor religioso construyeron un monasterio arriba en la roca. Fue así como un día bochornoso del verano mediterráneo, madrugué para tomar el tren “R5” Manresa-Baixador de la FGC (Ferrocarriles de la Generalitat de Cataluña) en la estación de Plaza España. Salir de Barcelona ciudad hacia el interior, pasa, al comienzo, por atravesar un amplia franja industrial que poco atractivo aporta al paisaje, más allá de analizar como éste ha sido transformado en menos de dos siglos de historia moderna. El tren avanza de un poblado a otro hasta divisarse, a lo lejos, afloramientos de arenisca y conglomerados con caprichosas formas que amenazan con “pinchar” el cielo. Los rieles serpentean entre túneles y colinas bordeando un macizo cuyo color blanquecino domina el panorama, mientras, ya un poco más cerca, es posible divisar la sorprendente estructura emplazada a unos dos tercios de altura de la cota más alta visible, menudo lugar para construir. Los modernos frenos detienen el tren frente a la estación de Monistrol de Montserrat, me apeo curioso y salgo atravesando una pequeña construcción de dos pisos que hace las veces de control de salida, me veo a mi mismo frente a un paisaje de tejados pintados sobre un cuadro de gramíneas y rocas. Tras “opturar” el móvil un par de veces, comienzo a callejear siempre en dirección a la montaña; al andar algunas manzanas, un par de lugareños me saluda con cordialidad añadida a la usual de la urbe, grata sorpresa con la que te recibe la conservadora Cataluña rural; cruzo el puente sobre el río Llobregat para dar de frente con un paseo por el cual discurre el antiguo acueducto de Monistrol. Avanzo por las sinuosas calles de origen pre-industrial antes de terminar frente a la “Plaza de la fuente grande”, donde comienza el “Atajo de los tres cuartos” que me llevaría al monasterio. Comienzo el sendero entre potreros de caprinos y caminos de tierra, para luego ascender por un paisaje de vegetación herbácea silvestre y a ratos arbustiva hasta ir, poco a poco, y sin darme cuenta, rodeándome de aquella roca tan llamativa, algo completamente nuevo para mí. Abajo, el fondo del valle se hizo más chico, como si fuera un diorama pintado en acuarela por los niños que antaño descubrieron a la vírgen allá en lo alto. Continúo el ascenso, ahora a cubierto del sol por una sección de bosque que oculta la transición final del paisaje del valle al del macizo. El camino, en su mayoría de no más de tres metros de ancho, se estabiliza al alcanzar un recodo con roca a ambos lados, un par de vueltas más y se abre la vista definitiva del viaje, estás en medio de la roca, literalmente. Aún no veo el complejo del monasterio por estar éste a mis espaldas con una abrupta pendiente de diferencia, cuando diviso, a medio kilómetro de distancia, la Ermita de la Santa Cueva, el emplazamiento original donde se reportó la aparición de la vírgen en el año 880 d.c.; la ubicación de la capilla es sorprendente, recuerda, guardando distancias, los monasterios budistas nepalíes, inexplicablemente enclavados en la roca. El camino que se desvía desde el sendero principal hacia la Santa Cueva, está visiblemente excavado en la roca y acompañado por esculturas que representan al Vía Crucis, destacando, en primer plano, la estación de la crucifixión. Desde la intersección a la Santa Cueva ya es breve el camino al monasterio, tras cruzar la vía del tren cremallera y pasar frente a la estación del teleférico que comunica con el valle, es posible visitar la Basílica y el museo, incluyendo la imagen original de La Moreneta, como se apoda cariñosamente a la patrona. Lo interesante de saludar a la imagen se me hace difícil por la fila de visitantes en espera para acceder al altar donde se ubica. Cansado por andar un desnivel de más de seiscientos metros, me conformo con disfrutarla desde la nave principal del templo, admirando a la vez su frondosa estructura, candelabros y altares. Contento por la experiencia salgo al descampado frente al templo y visualizo, al final del tercio faltante de altura, parte del conjunto de ermitas, cruces, murallas y caminerías construidas en lo más alto. El sol declinaba, decido comenzar el descenso y al llegar a la desviación para la Santa Cueva, pienso ¿que más dá?, y me aventuro a recorrer aquel sendero mágico que me recibió al salir del bosque por la mañana. Una a una, observo con embeleso las esculturas del Via Crucis cuidadosamente dispuestas a cada tanto en grutas y recodos del camino, hasta que, al final, aparece de cerca esa increíble ermita adosada a la roca. Al ponerme de pie en la entrada, asomo la cabeza por la barandilla y no alcanzo a ver el fondo, siento que en cualquier momento puedo irme de bruces mareado por la altura y la pendiente. Absorto, reflexiono acerca de cómo la fé puede lograr las cosas más sorprendentes, y es que allí, al entrar, sentada en su altar, estaba una réplica de La Moreneta, esperándome pacientemente, para escuchar.

Anailil 23-03-2020

Horizonte 0144 You decorated my life

Sección: La Historia de mis Canciones
Autor:     César Camacho
Título:     You decorated my life
Año:        2020

You decorated my life – Kenny Rogers (1979)

Más letras a ratos desapercibidas, surgidas de la oportunidad que nos ofrece este nuevo escalón de vida. La música tiene el poder de recrear en notas los diversos matices con que pintamos nuestras vidas. Como en un mural, vamos trazando, pincel en mano, cada momento destinado para y desde nosotros; un paisaje, un objeto, un rostro, una caricia, una palabra, elementos que se alternan uno tras otro en un tropel finito que define lo que hemos sido. Hoy, de un horizonte lejano nos llegan ritmos tejanos de la balada romántica; una voz típica de esas infancias de hace cuatro décadas que ha decorado la vida de muchos matizando murales de ensueño. Otro tema de mi repertorio siempre grato de compartir. Gracias Kenny, hasta siempre.


jueves, 19 de marzo de 2020

Horizonte 0143 Somos

Sección: Pensamientos
Autor:     C.Camacho
Tema:     Somos
Año:       2020

El tiempo se elonga. Por alguna razón, determinista o posibilista (da igual), ahora muchos tienen más tiempo. Más tiempo para pensar, para sentir y para expresarse, ha tenido que venir un virus, de no sé donde, a hacernos reflexionar sobre nuestra existencia en ésta nuestra “excepción” cósmica llamada Tierra. Ya hemos hablado de algunas oportunidades que han surgido en medio del caos, y de cómo a veces de lo violento surge lo llano, es el equilibrio entre el ser y no ser: esa base de opinión que convierte todo en un estereotipo; a veces parece que “el yo soy” empleado para hacerse o sentirse parte de algo sesga nuestra capacidad para enfocar desde otros puntos de vista. En general, es grato ver a diario memes, videos, escritos y hasta canciones llamando a la unidad para superar este Covid-19, una unidad con un profundo alcance, ése que te invita a romper con el “soy”. En consecuencia, es necesario asumir la unidad, como un concepto más amplio y abierto a todos los colores y matices surgidos de la mente creativa del ser humano procurando siempre que no se quede nadie atrás, la mera esencia de la unión, está en aprender a amar incluso a tu propio “enemigo” y así construir de una vez un “somos” más justo, capaz de afrontar los retos por venir. Una nueva dimensión del tiempo que nos invita a ser más humildes, siempre desde el amor y para el amor.

Anailil 19-03-2020

miércoles, 18 de marzo de 2020

Horizonte 0142 El hábitat en tiempos de pandemia

Sección: Opinión
Autor:     C.Camacho
Título:     El hábitat en tiempos de pandemia
Año:        2020

Ahora, más allá del dilema filosófico sobre el porqué, el cómo, el cuándo y el dónde de "el bicho", así como de la diatriba de lo que dicha prueba nos depara para el futuro; surge también la oportunidad de aprender acerca de cómo aspectos básicos del día a día se vuelven crónicos y caóticos a merced de la crisis. No soy precisamente yo, un campirano de corazón, el analista ideal para señalar las bondades o perdiciones de la vida urbana; sin embargo, la demografía moderna apunta que en el actualidad al menos un 55% de la población mundial habita en ciudades, siendo los estándares sanitarios más complejos a mayor densidad de población. Y es que ya se ha escrito mucho acerca de la controvertida empresa de mercantilizar la tierra y la vivienda; pero vamos, que a fin de cuentas (e inevitablemente) el mundo de momento fluye así, funciona como un gran mercado, en el cual se dejan de lado aspectos esencialmente humanos los cuales han de ser atendidos sin pretender quebrar las reglas de la globalización (porque si no sería un desastre !?). Partiendo entonces del principio de que la vivienda urbana es controlada por el mercado, es necesario formular, sobre las bases de un sistema administrativo mixto (porque hay que “gobernar” para todos) lineamientos normativos auditables y suficientes que garanticen, no sólo el acceso a la vivienda, sino al hábitat en general, concepto más amplio el cual incluye el acceso a los servicios e incluso la eficiencia energética. Y sí, ya lo sé, es un punto trillado por los defensores del humanismo y el ecologismo (etc.), pero cabe acotar, que ésta crisis  representa la oportunidad de comprender una nueva dimensión del problema, y mira que se está hablando poco de ello; seguimos apilando oportunidades. Cuando se confina o pone en cuarentena, por necesidad, a varias centenas de millones de personas, se está agudizando, sin más remedio un problema subyacente el cual no ha sido debidamente atendido sobre todo en el mundo occidental; hablamos de familias que cohabitan en condiciones de hacinamiento (bajo metraje por persona o sin la debida separación de espacios) o inhabitabilidad ambiental, por no mencionar a aquellas personas que no tienen hogar para resguardarse. No es lo mismo, vivir una cuarentena de duración desconocida inserto en una vivienda de lujo con todos los servicios, que en un espacio interior de 2 metros cuadrados, a veces sin ventanas, sin servicios básicos como el agua, la electricidad y el adecuado suministro de medicinas y alimentos, condición la cual agudiza a su vez antiguos flagelos también sociales y psicológicos. Es éste el punto que debemos aprender, en un mundo moderno dónde el consumo apunta a que la mejor vida se lleva en el teléfono móvil de moda, se suele pasar de largo el derecho a una dignidad que se agiganta cuando el cosmos nos recuerda que no tenemos el control, ¿o si?. Mañana sabremos.

Anailil 18-03-2020

lunes, 16 de marzo de 2020

Horizonte 0141 Por una nueva oportunidad

Sección: Opinión
Autor:     C.Camacho
Título:     Por una nueva oportunidad
Año:        2020

Ya he rescatado en otras oportunidades, cómo la teoría geográfica se divide en dos grandes corrientes; a saber, determinismo y posibilismo. Habiendo sentado las bases para la discusión, ya que el dilema del que hacer geográfico suele ir más allá de simplemente adoptar una corriente u otra, juguemos un poco a analizar el tema coronavirus, dejando espacio, por supuesto, para toda impresión u opinión suscitada en el intermedio. A ver, hablamos de un virus, un agente microscópico con la capacidad de asimilarse, adaptarse o mutar; dicho agente, bien pudiéramos decir, pudo ser tanto un producto determinista de la naturaleza no-humana, cómo también, un producto posibilista o de la acción antrópica (humana). Partiendo del principio filosófico de Pascal en el cual el hombre (ser humano) “es el punto intermedio entre la nada y el todo”, es posible captar cómo éste, sumergido en su propio ego, se olvida a sí mismo como ése algo “suspendido” entre las dos mayores incógnitas de su existencia: las complejidades de lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño. Si bien ya es debate común, el superfluo arte de anteponer la riqueza material a las leyes de un cosmos aún desconocido en su aspecto macro, es poco frecuente el percatarse de su ignorancia ante lo micro; es decir, en lugar de jugar a comprender la cadena infinta de contención que abarca el universo, poco se juega a comprender lo pequeño, de donde, tal cual David contra Goliat, de la noche a la mañana, y de un plumazo, un pequeño virus puede acabar con los miles de años de evolución de una especie. Hallar el porqué de un Covid-19, nos puede pasear por un amplio número de razones deterministas, tales como: que surgió como una forma para el planeta depurar el crimen ecológico que hacemos con él, o, simplemente, porque está establecido que lo micro ha sido creado para dominar a lo macro (Como lo ambientó H.G.Wells hace más de 120 años). Asimismo, en contraposición, surgirían razones posibilistas que varían desde un accidente tecnológico hasta un arma biológica, pasando por la cultura de mantener animales vivos para su venta y consumo. De cualquier modo, si lo analizamos más de cerca, las razones determinista y posibilista terminan, en éste caso, mordiéndose la cola, tal cual el dilema del huevo y la gallina; sería válido decir tanto que el ser humano ha sido programado por la naturaleza para autoflagelarse, cómo que éste se hace así mismo capaz aprendiendo de sus propios artificios. De allí que la amplitud del discurso está en aceptar que la amenaza existe, y que debe ser considerada tanto como un flagelo como una oportunidad; sí, una oportunidad para superarnos a nosotros mismos como raza capaz de cohabitar, en un mismo planeta, con los mismos elementos con potencial para destruirnos. Es la oportunidad de entender, que no hay indicios de que alguien vaya a venir a salvarnos de nuestro destino, y de que se trata a fin de cuentas de escribir una nueva historia, una de verdad justa. Es la oportunidad de entender que el cosmos no sabe de fronteras, razones políticas o acciones en la bolsa; es el momento de crear protocolos que nos ayuden, no a perpetuarnos, ni a hacer de nosotros seres superiores, no, se trata de estándares morales que nos ayuden a comprender que somos parte de un todo y de que sólo juntos podremos lograrlo.

Anailil 16-03-2020