Autor: César Camacho
Tema: Obituario
Año: 2017
Para Luisa
Languidece la tarde, un tímido cirro
describe su trazo discontinuo en dirección al ocaso, tal cual una senda de luz
que se pierde al claror de un momento, grabado en las sienes de las gentes. Así
fueron aquellas semanas que la vimos trazar, al compás de sus sueños, su propia
senda de luz, allí sentada al son del trazo sobre el papel y el trepidar de las
letras, forjándose su propio ocaso, como cualquier otra vida cabalgando en el
tiempo mientras se graba a sí misma, tal cual cirro, en la memoria de su gente.
Memoria que no se ha de perder jamás, como jamás se perderá la esencia del
trazo sobre el cielo, el plástico y la alfombra; menuda forma de expresar tiene
el amor, cuando nos enseña que no hay tiempo más precioso para vivir que el
ahora. No importa lo inesperado que el trascender de una vida pueda parecer,
siempre, más tarde o más temprano, llegará el trazo al ocaso; divina plenitud
la de apreciar cada contorno y cada tonalidad con el paso, así como la esencia
que deja la presencia al andar, al rubor de la timidez o de la sonrisa al
saludar, milagro que a diario nos recordará, que allí, alguna vez, en esa silla
del número tres, hubo una senda física que nos acompañó con su tez y que hoy es
parte de ese equipaje que llevamos en la sien, agradecidos siempre por el
claror del sentir con calidez. Sea nuestra la virtud de sentir sus trazos
aprendiendo a forjar los propios, como el agua en las tintes del ocaso,
trazando su propia senda en cada contorno y en cada rubor.
Anailil
08-03-2017
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