Autor: César Camacho
Título: Macrocefalia
Urbana
Año: 2016
En medio de ésta crisis que aqueja a nuestro
país, la cual considero principalmente gerencial; la estrategia de
desconcentrar el funcionamiento de algunas divisas institucionales mudando sus
sedes a una locación fuera de Caracas, ha generado un continuo y profundo
debate entre los trabajadores afectados y los beneficiarios de los servicios
prestados. Combatir la macrocefalia urbana de nuestra capital, desconcentrando geográficamente
la función gubernamental, es un proyecto de vieja data, incluso una década antes
de que Hugo Chávez, hablara del poblamiento y desarrollo del eje Orinoco – Apure,
ya existían planificadores que hablaban de esta necesidad, sobre todo por la
compleja realidad que aqueja a cualquier metrópolis que, como Caracas, se ha
visto colapsar con el paso del tiempo. La desconcentración de poderes ya ha
sido estudiada y aplicada por algunas nuevas potencias emergentes, pudiéndose
citar el caso de Sudáfrica, uno de los países conocidos como BRICS y el cual
posee en la práctica 3 capitales, una ejecutiva, una legislativa y una judicial,
como método para unificar un territorio un tercio más grande que el de
Venezuela. El asunto tampoco es algo nuevo en Latinoamérica, el Brasil de los
años 50 vio como se consumaba su audaz proyecto de construir, desde cero, una
capital en el interior del país, dando lugar a la actual Brasilia. Ahora bien,
la contraparte del asunto radica en el contexto. No se trata de si es viable o
no mudar una sede gubernamental, se trata de si la coyuntura lo permite y las
acciones responden realmente a la búsqueda de soluciones inmediatas. Una de las
principales condiciones para emprender proyectos de esta naturaleza es, sin
lugar a dudas, una bonanza económica que permita financiar el gasto
administrativo de un proyecto el cual debe considerar aspectos tan complejos como
la vivienda y el bienestar social de los trabajadores afectados, además de la
consolidación funcional de la nueva sede propiamente dicha. Por otra parte, se
requiere de una base de eficiencia institucional mínima, que permita la
consecución de los procesos afrontando los retos de una nueva locación, por
cuanto no resulta lógico mudar también las fallas gerenciales y logísticas que afectan
los nodos críticos de la gestión institucional. Finalmente, es posible
sintetizar que, sin dejar de lado una visión territorial multifocal, que
promueva una distribución más equitativa de la función pública acercando el servidor
al beneficiario, la realidad de emergencia económica del país y la ineficiencia
de los procesos que aquejan a las instituciones objeto de relocalización, hacen
momentáneamente inviable cualquier desplazamiento administrativo, al menos
territorialmente hablando.
Anailil
Anailil
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