“El amor es siempre paciente y amable. Nunca es celoso. El amor nunca es jactancioso o presumido. Nunca es descortés o egoísta. No es ofensivo y no es resentido. El amor no toma placer de los pecados de las otras personas, pero se deleita de la verdad. Está siempre listo para perdonar, para confiar, para creer, para esperar, y para soportar lo que tenga que venir” Pasaje Bíblico versión de Nicholas Sparks.

Atardecer en Camoruco, Estado Aragua, Venezuela

Atardecer en Camoruco, Estado Aragua, Venezuela
Autor: C. Camacho 2009

jueves, 13 de junio de 2019

Horizonte 0113 Entre dos mundos

Sección: Caminos de inmigrante
Autor:     César Camacho
Título:     Entre dos mundos
Año:       2019 
 
Era mi dia libre y me habian cambiado de horario, al día siguiente iniciaba una corrida de 6 días de 12 horas en turno de noche. Mientras terminaba de cocinar, lavar y planchar lo necesario para aligerar los días que venían, pensaba en cómo podría llevar mejor el cambio de turno, el cual si bien ya me había tocado antes invertir, seguía siendo tortuoso de adaptar. Decidí que lo mejor era, tras pasar por “Liberty” a enviar a Venezuela las medicinas de mi hija, esas que no se consiguen allá, podría darme un paseo por el que, hasta ahora, ha sido mi barrio favorito de Barcelona, Villa de Gracia; como siempre yo buscando la geografía a través de los pies, andando como un loco hasta más no poder. Como parte de ese itinerario inventado, elegí pasar primero por un bar catalán de dominó para sentirme más en casa, allá Jhon, Jhonny, Jacky y Juanita sabrán de que hablo; estándo allí y tras notar que nadie me invitó a jugar, habían no menos de 10 mesas activas de dominó pero todas entre gente que se conocía entre sí, me puse a otear el móvil, cuando, de pronto, me llega una alerta de la aplicación “Too good to go”, la cual me habían recomendado en un grupo de face, pero no me había arriesgado aún a probar. Dicha aplicación, a mi parecer, tiene un propósito muy noble, el de rescatar, al menos, un porcentaje de la comida que diariamente se desecha en una de las ciudades con más intensa resturación en toda Europa; a través de ella pagas una fracción módica por un “paquete sorpresa” con los “restantes” del día, los cuales, de otro modo, irían a parar a la basura. Supe entonces que una pizzería a unas pocas cuadras, liberaría una venta en un par de horas, yo estaba cerca, y, habiendo decido acostarme lo mas tarde posible para poder invertir el turno de sueño, decidí arriesgarme a usarla cuando menos por un buen propósito, noble empresa la de pensar en todos aquellos que hoy no tienen nada que comer. Acto seguido, salí del dominó, triste por no haber jugado pero a la vez contento por haber escuchado las piezas rechinar, caminé por las estrechas callejuelas de Villa de Gracia, un casco urbano de carácter pre-industrial el cual fue conurbado con la gran Barcelona como parte del ensache planificado a finales del siglo XIX. Llegué a la Plaza de la Revolución, y tras ver de reojo la pizzería y notar que aún quedaba tiempo para recoger el pedido, continué callejeando las manzanas que alrededor conforman la estructura de la Villa y entré en un pequeño bar, donde, al pedir “una caña” me han servido una Urquell checa, la cual recomiendo con premura, esquisito privilegio el de restaurar aún cuando a muchos, alrededor del mundo, no les queda mas que mendigar. Terminada la Pilsener, se hizo la hora de ir por mi pedido, y, de vuelta en la plaza, entré al local con mi recibo electrónico abierto en el móvil. Muy corteses los chicos me despacharon una caja de pizzería con 6 “slices” diferentes dentro, parte del restante del día. Salí a la calle y seguí callejeando comiendo un pedazo de pizza a la vez, frios todos ellos como una noche de la Barcelona primaveral, pero gustosos por el valor aprendido de la carencia prolongada. Seguía yo avanzando por las calles y muchos al pasar, me miraban como quien recién ha recogido las sobras del trasto de la basura, y digo yo, sí, estaban frías, pero eran mías y no me las habían regalado, las he pagado con mi salario, las he ganado, no las he pedido, no he tenido que anotarme en ninguna lista ni esperarlas en una bolsa, esa noche me comí una pizza como la que tantas veces, en tiempos recientes no pude comer. Rescaté comida de un sistema que desperdicia los recursos a diario pero que al mismo tiempo trata de que todos coman, historia de dos mundos que termina con el último “slice” frente al contenedor de basura para reciclar que dice “cartón”, abrí la tapa, arrojé la caja, y me perdí en la noche.

Anailil 13-06-2019

No hay comentarios:

Publicar un comentario