Sección:
Caminos de inmigrante
Autor:
César Camacho
Título:
Apariencias
Año:
2019
A
veces las historias llegan a mí como colgadas de un hilo, a cada
tanto, en nuestro afán por resolver nuestra mente, olvidamos que
existen otras, estoy convencido de que el mundo sería diferente si
todos pensáramos un poco más en el entorno, usando de vez en cuando
otros zapatos. Aplica como para todo la regla del equilibrio, mi
favorita, me gusta jugar a que las conductas y muchos otros criterios
se pueden medir en una recta numérica donde los extremos difieren de
lo extenso a lo diverso, de lo puntual a lo abierto, del egoísmo al
altruísmo. En fin que poniéndonos más cerca del cero, es posible
sentir de cerca como llegan estas historias a nosotros.
Ella
es dominicana y suele trabajar como servicio de limpieza de áreas
comunes, su amabilidad caribeña contrasta con el promedio un poco
mas frío de los locales, mientras pasaba el “mocho” frente a mi
garita, alzó su tez morena al responder mi saludo:
-
¿Bien, tu como vas? - replicó entonces agitando su melena cobriza.
- ¡Pues bien, otro día otro pavo! - agregué poniéndole un toque local a la conversación.
- Así es, yo contando los días para irme a mi país.
- ¿Eres dominicana? - pregunté creyendo recordar haberlo indagado antes.
- ¡Sí!, y me tengo que ir, mi padre falleció el año pasado y yo no pude estar - agregó sin dejar de sonreir.
- ¡Pues bien, otro día otro pavo! - agregué poniéndole un toque local a la conversación.
- Así es, yo contando los días para irme a mi país.
- ¿Eres dominicana? - pregunté creyendo recordar haberlo indagado antes.
- ¡Sí!, y me tengo que ir, mi padre falleció el año pasado y yo no pude estar - agregó sin dejar de sonreir.
Como
para mi el conflicto sobre las ventajas y desventajas del emigrante
esta a flor de piel, continué indagando:
-
Lo siento mucho, de verdad, es triste cuando estas cosas tienen que
pasar, son riesgos muy altos los que se corren cuando venimos lejos a
trabajar, pero, ¿ha sido un accidente? - pregunté compartiendo de
alguna manera su dolor.
- No, ha sido el cáncer, - replicó ya menguando su sonrisa - cáncer de próstata, duró 4 meses, nos reuniremos todos los hermanos para visitar la lápida, yo no pude estar con él en sus últimos meses, ni tampoco mis hermanos que viven en Estados Unidos.
Yo,
conmovido por el relato, volví a las diatribas que deriban del
exilio y sus consecuencias.
-
No he podido ir al final porque el ticket es muy costoso, sólo pude
verlo un par de meses antes de fallecer, murió en el hospital, ya al
final se arrancaba el cuero de los brazos con las uñas.
Con
la garganta nudosa pregunté:
-
¿Por el dolor?. Y
en un último esbozo de sonrisa agregó:
-
¡Ya no sigo, adiós!
Sobreviene
entonces, de súbito, la moraleja del cuento, por muy sonriente y
fuerte que luzca la persona, no debemos desmeritar lo que
internamente pueda estar pasando, es regular la regla numérica para
hacer un mundo más justo. La carga emocional es muy alta y siempre
habrán diatribas por resolver como la del tiempo presente que le
robamos a los nuestros, por necesidad.
Anailil
27-06-2019
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