Autor: C.Camacho
Título: El hábitat en tiempos de pandemia
Año: 2020
Ahora,
más allá del dilema filosófico sobre el porqué, el cómo, el
cuándo y el dónde de "el bicho", así como de la diatriba de lo que
dicha prueba nos depara para el futuro; surge también la oportunidad
de aprender acerca de cómo aspectos básicos del día a día se
vuelven crónicos y caóticos a merced de la crisis. No soy
precisamente yo, un campirano de corazón, el analista ideal para
señalar las bondades o perdiciones de la vida urbana; sin embargo,
la demografía moderna apunta que en el actualidad al menos un 55% de
la población mundial habita en ciudades, siendo los estándares
sanitarios más complejos a mayor densidad de población. Y es que ya
se ha escrito mucho acerca de la controvertida empresa de
mercantilizar la tierra y la vivienda; pero vamos, que a fin de
cuentas (e inevitablemente) el mundo de momento fluye así, funciona
como un gran mercado, en el cual se dejan de lado aspectos
esencialmente humanos los cuales han de ser atendidos sin pretender
quebrar las reglas de la globalización (porque si no sería un
desastre !?). Partiendo entonces del principio de que la vivienda
urbana es controlada por el mercado, es necesario formular, sobre las
bases de un sistema administrativo mixto (porque hay que “gobernar”
para todos) lineamientos normativos auditables y suficientes que
garanticen, no sólo el acceso a la vivienda, sino al hábitat en
general, concepto más amplio el cual incluye el acceso a los
servicios e incluso la eficiencia energética. Y sí, ya lo sé, es
un punto trillado por los defensores del humanismo y el ecologismo
(etc.), pero cabe acotar, que ésta crisis representa
la oportunidad de comprender una nueva dimensión del problema, y
mira que se está hablando poco de ello; seguimos apilando
oportunidades. Cuando se confina o pone en cuarentena, por necesidad,
a varias centenas de millones de personas, se está agudizando, sin
más remedio un problema subyacente el cual no ha sido debidamente
atendido sobre todo en el mundo occidental; hablamos de familias que
cohabitan en condiciones de hacinamiento (bajo metraje por persona o
sin la debida separación de espacios) o inhabitabilidad ambiental,
por no mencionar a aquellas personas que no tienen hogar para
resguardarse. No es lo mismo, vivir una cuarentena de duración
desconocida inserto en una vivienda de lujo con todos los servicios,
que en un espacio interior de 2 metros cuadrados, a veces sin
ventanas, sin servicios básicos como el agua, la electricidad y el
adecuado suministro de medicinas y alimentos, condición la cual
agudiza a su vez antiguos flagelos también sociales y psicológicos.
Es éste el punto que debemos aprender, en un mundo moderno dónde el
consumo apunta a que la mejor vida se lleva en el teléfono móvil de
moda, se suele pasar de largo el derecho a una dignidad que se
agiganta cuando el cosmos nos recuerda que no tenemos el control, ¿o
si?. Mañana sabremos.
Anailil
18-03-2020
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