“El amor es siempre paciente y amable. Nunca es celoso. El amor nunca es jactancioso o presumido. Nunca es descortés o egoísta. No es ofensivo y no es resentido. El amor no toma placer de los pecados de las otras personas, pero se deleita de la verdad. Está siempre listo para perdonar, para confiar, para creer, para esperar, y para soportar lo que tenga que venir” Pasaje Bíblico versión de Nicholas Sparks.

Atardecer en Camoruco, Estado Aragua, Venezuela

Atardecer en Camoruco, Estado Aragua, Venezuela
Autor: C. Camacho 2009

miércoles, 18 de marzo de 2020

Horizonte 0142 El hábitat en tiempos de pandemia

Sección: Opinión
Autor:     C.Camacho
Título:     El hábitat en tiempos de pandemia
Año:        2020

Ahora, más allá del dilema filosófico sobre el porqué, el cómo, el cuándo y el dónde de "el bicho", así como de la diatriba de lo que dicha prueba nos depara para el futuro; surge también la oportunidad de aprender acerca de cómo aspectos básicos del día a día se vuelven crónicos y caóticos a merced de la crisis. No soy precisamente yo, un campirano de corazón, el analista ideal para señalar las bondades o perdiciones de la vida urbana; sin embargo, la demografía moderna apunta que en el actualidad al menos un 55% de la población mundial habita en ciudades, siendo los estándares sanitarios más complejos a mayor densidad de población. Y es que ya se ha escrito mucho acerca de la controvertida empresa de mercantilizar la tierra y la vivienda; pero vamos, que a fin de cuentas (e inevitablemente) el mundo de momento fluye así, funciona como un gran mercado, en el cual se dejan de lado aspectos esencialmente humanos los cuales han de ser atendidos sin pretender quebrar las reglas de la globalización (porque si no sería un desastre !?). Partiendo entonces del principio de que la vivienda urbana es controlada por el mercado, es necesario formular, sobre las bases de un sistema administrativo mixto (porque hay que “gobernar” para todos) lineamientos normativos auditables y suficientes que garanticen, no sólo el acceso a la vivienda, sino al hábitat en general, concepto más amplio el cual incluye el acceso a los servicios e incluso la eficiencia energética. Y sí, ya lo sé, es un punto trillado por los defensores del humanismo y el ecologismo (etc.), pero cabe acotar, que ésta crisis  representa la oportunidad de comprender una nueva dimensión del problema, y mira que se está hablando poco de ello; seguimos apilando oportunidades. Cuando se confina o pone en cuarentena, por necesidad, a varias centenas de millones de personas, se está agudizando, sin más remedio un problema subyacente el cual no ha sido debidamente atendido sobre todo en el mundo occidental; hablamos de familias que cohabitan en condiciones de hacinamiento (bajo metraje por persona o sin la debida separación de espacios) o inhabitabilidad ambiental, por no mencionar a aquellas personas que no tienen hogar para resguardarse. No es lo mismo, vivir una cuarentena de duración desconocida inserto en una vivienda de lujo con todos los servicios, que en un espacio interior de 2 metros cuadrados, a veces sin ventanas, sin servicios básicos como el agua, la electricidad y el adecuado suministro de medicinas y alimentos, condición la cual agudiza a su vez antiguos flagelos también sociales y psicológicos. Es éste el punto que debemos aprender, en un mundo moderno dónde el consumo apunta a que la mejor vida se lleva en el teléfono móvil de moda, se suele pasar de largo el derecho a una dignidad que se agiganta cuando el cosmos nos recuerda que no tenemos el control, ¿o si?. Mañana sabremos.

Anailil 18-03-2020

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