Autor: César Camacho
Tema: Ambición
Año: 2016
Mucho se ha dicho acerca de la
ambición. Según el estereotipo sobre el cual hayamos sido forjados, la ambición
podría bien interpretarse de maneras tan diversas como puntos de vista se
pueden contar; mientras para algunos la ambición representa la acción de
prosperar en función del bienestar, para otros representa el arte de avanzar
sacando provecho de las ventajas propias ó, inclusive, de las desventajas de
los demás. Ahora bien, sólo por diversión, pongámosle una gota de cosmología al
asunto; si bien persiste el dilema de si el espacio-tiempo es o no finito,
desde el punto de vista de la vida humana, tal como la conocemos, si lo es. Es
decir, el tiempo del que disponemos para ambicionar a comprender aquella
célebre frase de Gauguin: ¿De dónde venimos, Quiénes somos, A dónde vamos?, es sin lugar a dudas finito. Y siendo finito ese tiempo, como una pizza
cuyos trozos se consumen vorazmente hasta acabarse, cabe preguntarse dentro de
la misma analogía, qué proporción del tiempo, del que disponemos para comer
nuestra pizza, consumimos tan sólo mientras llevamos cada trozo a la boca. Y de
allí, que proporción del tiempo de vida que tenemos lo empleamos en trabajar, ganar
dinero, ir al mercado, comprar la pizza o prepararla para poder llevárnosla a
la boca. Ya he leído por allí como algunos fanáticos de los números se han
puesto a contar estas cifras en años de vida, pero el tema va más allá, entre
tanto más tiempo gastamos en proveer, menos tiempo solemos disponer para
ambicionar a comprender aquello que va más allá de degustar un bocado. No se
trata de tener menos bocados, ni de recibirlos gratis, se trata de tener tantos
bocados como momentos para crecer internamente, porque la ambición más lógica
resulta de aquello que nos hace crecer proyectando nuestro ser en su máxima
expresión. El tiempo para crecer en lo físico jamás debe ser mayor al tiempo
para crecer en lo interno.
Anailil
15-05-2016
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