Autor: César Camacho
Título: Un oficio divino
Año: 2016
Un oficio divino
La jornada había sido dura, siempre lo
era cuando tocaba andar en las montañas. Aparecen de nuevo esas polvorientas
botas protagonistas de tantas andanzas, un símbolo de tantos pasos andados cuya
huella no suele recordarse en la tierra tanto como aquellas que dejara
Armstrong en el Mar de la Tranquilidad, Humboldt en las regiones equinocciales
o Cook en tierras de los kiwis. No siendo por ello nuevos colonos, andamos los
pasos de quienes se exiliaran en las faldas del
Pico Codazzi, tierra de especies fragarias
y prunnus que se abren paso entre el
bosque plagado de líquenes y helechos. Las ruedas, tal cual botas también
cubiertas de polvo, nos llevan cuesta arriba como si fuéramos a tocar el cielo,
el bailoteo de la cabina abierta al superar las zanjas del camino, nos hace
temer caer de un momento a otro en la dirección opuesta a la trayectoria del
vehículo y sus 45 grados. La suspensión se nivela y al llegar a la loma, una
bodega nos ofrece el clásico néctar de final de jornada; sentados en la cabina
nos alcanza el ocaso al fervor de las historias vividas, el calambre en las
piernas y el frío del crepúsculo que ya se tiñe naranja, mientras arriba, a lo
lejos, un cirro se extiende majestuoso indicando el origen de los alisios que
barren esta tierra de gracia, cuyo valor no se mide en números, se mide en
imágenes grabadas en el iris de su gente. Las tintas del cielo se hacen opacas
mientras el verdor de la montaña cede en un mar de puntos de luz, dispersos
pero respetuosos de las cercanas cimas que nos separan del mar. Al fondo el
valle, cuyas aguas alimentan el Lago de Los Tacarigua, se pierde entre las
primeras casas de La Victoria, umbral que separa la vida urbana moderna de la
tradición de la montaña, cien años de distancia entre la cultura del campo y la
modernidad de la ciudad. Las luces en el tablero de la pick-up se hacen más
brillantes, mientras, tal cual pioneros en tierra ajena, nos dejamos fundir con
el entorno que nos rodea, siempre dejándonos llevar por una charla bajo las
estrellas al recuerdo de alguna
canción, bendito oficio divino que se lleva en el corazón.
Anailil
21-05-2016
No hay comentarios:
Publicar un comentario