Autor: César Camacho
Título: Basura
Año: 2017
En estos tiempos cargados de modernidad,
donde el día a día implica consumir y generar basura, son muchos los dilemas
que se presentan sobre como disponer y procesar un volumen cada vez mayor de
desechos. Muchos son los artificios que han sido inventados para coadyuvar en
dicha tarea, sin embargo, el reciclaje, el más famoso, aún se hace cuesta
arriba incluso en países con avanzada cultura ambientalista, debido a la
frecuente dificultad de separar los componentes del desecho generado. De tal
manera que, aún en adelante, la humanidad deberá seguir lidiando con la
paradoja de globalizar el comercio de cosas que el planeta no puede digerir,
llenándose lentamente de plástico hasta colmar el último poro de la corteza. El
manejo de la basura, además de global, es un problema cotidiano en muchos
países, siendo la rutina de disponerla harto complicada para el ciudadano
común, quien con mucha frecuencia, y de manera crónica en zonas rurales o
sectores populares, no dispone de un sistema adecuado para ello. Adicionalmente,
para hacerlo más complicado, la carente cultura que gira en torno a la basura,
trasciende incluso a la indiferencia de vivir inmerso en ella; niños que juegan
o trabajan entre desechos, han sido portada en revistas y periódicos alrededor
del mundo, sin que, en la mayoría de los casos, los gobiernos, autoridades y la
propia gente se decidan a hacer algo al respecto. Creo que es momento de
preguntarnos, todos, si alguna vez hemos considerado, dejar de generar desechos
por consumir productos que no necesitamos o cuya composición sea peligrosa; productos fabricados con mercurio, asbesto y
enormes cantidades de plástico no reciclable, son a diario arrojados en las
calles sin que alguien se detenga tan sólo a preguntarse: ¿Qué será
de esa botella?, ¿de ése papel?, ¿de ése bombillo?, ¿lo recogerá alguien alguna
vez? Si bien es cierto que a veces no hay alternativa, es el momento de sentir
preocupación por una realidad que nos rodea a diario y de la cual somos parte.
Es el momento de actuar y forjar una diferencia al menos desde lo pequeño, asumiendo
ese reto que está a nuestro alcance, y no me refiero sólo al hecho particular
de generar basura, me refiero a la necesidad de fomentar, de una vez por todas,
una cultura de consciencia sobre nuestra forma de vida.
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