Autor: César Camacho
Título: Un arte
llamado geografía
Año: 2015
La
geografía, como muchas otras áreas del conocimiento, ha dado un salto
tecnológico a la par del auge de la informática. Fue hace apenas veinte años que
abandonamos las mesas de luz y las plumillas para hacer mapas en un computador
impulsando el potencial de la gestión del territorio en la toma de decisiones,
sobre todo en las que a gobierno se refiere. Hacer un mapa que tomaba un mes
ahora puede llevar menos de un día, es algo así como cuando el aeroplano acortó
a horas el recorrido que antes llevaba días o semanas; y sí, definitivamente
fui yo uno de los más beneficiados al no tener en mis manos la destreza del
dibujo artístico, convirtiéndose el computador en una herramienta clave para
consagrar mi vocación como geógrafo. Ahora bien, habiendo reconocido el poder
que representa para la geografía el uso del computador, surge una vez más la
reflexión acerca de dónde termina la creatividad del elemento humano en manos
del elemento tecnológico. El auge de la geografía
digital ha venido sumando usuarios a la disciplina cartográfica que suelen,
y no por menos, obviar la teoría geográfica que le da lugar a los procesos
objeto de automatización. Si bien suele resultar oportuno y hasta adictivo, gestionar
datos de un software a otro programando líneas de código para hacerlo cada vez
más rápido, suele olvidarse el principio de todo sistema de información
geográfica, no importa cuán rápido seas capaz de generar un producto ni cuan complejo sea este, si el
proceso del cual forma parte el producto no está bien definido la utilidad del
producto tiende a ser poco menos que nula. Recuerdo hace unos años conversando
con un grupo de amigos, algunos los cuales ejecutaban la guitarra y otros que
se nos daba mejor el computador,
debatíamos acerca de si este último era
capaz de reproducir en su totalidad una tonada musical, es decir excluir el
elemento humano de la música en sí misma, recuerdo mi entonces firme posición
de que el computador podía reproducirlo todo, absolutamente todo. El tiempo
pasa y nuestras mentes se llenan de analogías generando paradigmas como aquel
que se deriva del ego del hombre por el control de la tecnología y si esta
algún día lo controlará a él... ¿Veremos
algún día una máquina capaz de pintar como Michelena y tocar como Vicente
Emilio Sojo?. Hoy creo sin duda que el arte es insustituible y su equilibrio
con la tecnología difícil de hallar, de modo que los geógrafos, sin ego de por
medio, debemos aprender a evolucionar a la par de los procesos que requieren la
gestión del dato geográfico y no de las herramientas que se aplican para
lograrlo. La herramienta se debe al proceso y el proceso se debe a una
necesidad de gestión, los mapas deben tener una función más allá de
embellecer una pared u ocupar espacio en
un disco, el país necesita cada vez más geógrafos filósofos y teóricos que
geógrafos programadores.
Anailil 23-10-2015
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